Tres Xilógrafos — Tres muestras individuales

Salas de Extensión Cultural del Monasterio de Santa Catalina
Del 09 de agosto al 28 de setiembre de 2019

La Primera Bienal de Grabado de Arequipa celebra contar en su programa de exhibiciones con las muestras individuales de los artistas plásticos José Lara, Rubén Mamani y Alberto Ramos, no sólo porque tenemos en ellos a tres de nuestros xilógrafos más originales y prolíficos sino porque se desempeñan también como docentes de grabado en diferentes centros de formación de nuestro país: Lara, lo hace en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa; Mamani, en la Universidad del Altiplano en Puno y Ramos, en la Escuela Superior de Formación Artística Pública “Francisco Laso” de Tacna. No exageramos al afirmar que la instrucción académica del grabado y la continuidad de su ejercicio en cada una de estas ciudades recae directamente en sus manos y la conciencia de esta responsabilidad, lejos de obstaculizar el desarrollo de sus respectivos procesos creativos, parece obrar como una motivación adicional de los mismos. Lara, Mamani y Ramos, artistas y docentes, comprendieron que sólo se puede enseñar dando el ejemplo y es su permanente actividad como grabadores la que nos ha mantenido al tanto de sus realizaciones.

José Lara presenta en “Repaso” un conjunto de xilografías recientes, y en su mayoría inéditas, las cuales marcan un giro temático con respecto a su obra conocida y expuesta en la notable exposición antológica de sus grabados realizada el año 2014, en el desaparecido Museo de Arte Contemporáneo de Arequipa. “Los trinos” es el título de la originalísima serie que ha mantenido ocupado a Rubén Mamani durante los últimos tiempos, la cual se expuso por primera vez entre marzo y abril de este año en la ciudad de Puno, exhibición gracias a la cual la conocimos y determinó que la eligiéramos para exponerla hoy en nuestra bienal. “Imaginario mítico”, es el título bajo el que Alberto Ramos reúne aquellas xilografías en las que ha conseguido grabar y estampar la fisonomía de las deidades y criaturas fantásticas provenientes de un imaginario andino que subsiste mediante la tradición oral; capítulo de una obra que sigue ampliándose tal como lo veremos en las piezas preparadas este año.

El equipo organizador de la bienal expresa su agradecimiento a cada uno de los tres artistas convocados por haber aceptado participar y por haber colaborado en cada momento para que estas tres muestras individuales se inauguren, simultáneamente, en uno de los más importantes y significativos espacios culturales de esta ciudad.

Repaso de José Lara Quilla (Arequipa)

En las xilografías emblemáticas de esta serie titulada “Repaso” reconocemos, prioritariamente, a algunos niños varones que se entretienen a solas y con una seriedad que parece prefigurar al adulto que serán en el futuro. Mediante estas imágenes, en las que aparece estrictamente un único jovencito por estampa, José Lara, quien es padre además de artista, trata de reconstruir la biografía del niño solitario que fue él mismo – seguramente también sensible y perplejo ante el lugar que ocupaba en el mundo –, observando en silencio y con total discreción a los pequeños que hoy lo han relevado en los rincones de la ciudad que colonizó en su infancia. Y al llevarlos al grabado invita al espectador a hacer una operación mental semejante, un “repaso” sobre aquella etapa vital proclive a la alegría pero no exenta de gravedad y de ensimismamiento.

Lara, posiblemente para facilitar que empaticemos con sus imágenes, – y de paso para que activemos nuestra memoria y nos pongamos en su lugar – oculta hasta donde es posible la fisonomía de sus niños, presentándolos de espaldas, absortos en lo que hacen o distantes y en medio de una urbe que empiezan a descubrir y a hacer suya mientras juegan.

Dos de estas imágenes se expusieron en Lima en el verano de 2018 dentro de una muestra colectiva de grabado cuya curaduría estuvo a nuestro cargo, lo que nos deja colegir que desde hace por lo menos tres años José Lara indaga sobre este tema inédito en la historia del grabado peruano – tratado larga y exclusivamente en pintura por Aquiles Ralli –, el cual, resulta opuesto y complementario al que lo caracterizaba y que tan bien resumido estuvo en Ciudad de Lara, su exposición antológica de 2014: me refiero a aquellas vistas urbanas en las que figuraban los elementos que definen la singular arquitectura de Arequipa, es decir, sus fachadas y claustros de templos virreinales, mansiones, plazas, puentes, callejuelas antiguas y también, desde luego, las edificaciones nuevas y emergentes. Si en aquel paisaje urbano la presencia humana no existe y resulta evocada mediante la elocuencia de los espacios arquitectónicos, en “Repaso”, más bien, son estos pequeños personajes a través de sus retratos “elusivos” los únicos protagonistas de la ciudad.

Los Trinos de Rubén Mamani Escobedo (Puno)

Rubén Mamani lo ha logrado: en las xilografías que componen la serie titulada “Los Trinos” percibimos que los músicos tocan y que los asistentes al concierto bailan con fruición al ritmo de esa música. Si en una primera mirada descubrimos los instrumentos eléctricos, muy pronto, al reconocer los timbales, reparamos en que la música ejecutada no es precisamente el rock.

Finalmente las versiones a color de estas estampas – en fucsias, anaranjados y verdes – nos orientan al recordarnos que es mediante esos rutilantes colores que los conciertos de la cumbia andina se anuncian en el espacio urbano.

Y cuando recordamos que el propio grabador es bajista de un conjunto de música chicha, todo encaja: si hasta hace poco los grabados que mostraba en exhibiciones individuales y colectivas representaban paisajes, ritos y personajes altiplánicos, elementos de un universo aymara que ha hecho suyo mediante su vínculo matrimonial y su residencia de muchos años frente al lago Titicaca, hoy nos convoca para que, apelando una vez más a sus vivencias personales, conozcamos su visión de la experiencia musical chichera desde la autoridad que le confiere ser uno de sus instrumentistas.

La serie plantea una secuencia, una suerte de relato que empieza con aquella estampa en la que varios varones cabizbajos, seguidos por sus alargadas sombras, se dirigen al recinto del concierto del cual emana una luz sobrenatural. Esta pieza es notable porque contiene la promesa de la fiesta y su poder redentor en medio de la noche. Una vez adentro Mamani comparte con nosotros sus diversos puntos de vista del espectáculo, ubicándonos lejos o al pie del escenario, entre los que bailan con los ojos cerrados – porque la música es invisible – o en medio de los músicos que parecen bailar también con sus alargadas guitarras, articulando mediante estas “instantáneas” una visión completa del concierto.

Esta colección de xilografías constituye el más logrado homenaje gráfico a la “chicha”, el género musical que acompañó a una migración que llegó para quedarse y que modificó para siempre el rostro de las grandes urbes del Perú.

Imaginario Mítico
de Alberto Ramos (Tacna)

Alberto Ramos lleva más de una década empeñado en conferirle una fisonomía palpable a varias de las deidades y criaturas míticas que habitan la siempre alucinada imaginación del hombre andino, asumiendo el reto de hacerlo sin contar con otra cosa que las versiones orales de los mismos y a través el arte que domina y le permite darle corporeidad a lo intangible: el grabado en madera.

Para esta muestra antológica hemos seleccionado exclusivamente las estampas de este capítulo de su obra en las que además de la temática comparten el formato apaisado, planteamiento que determina que pueda plasmar toda la longitud – o “la estatura” – del personaje o deidad ofreciendo composiciones dinámicas que llevan a pensar en que el artista los ha capturado gráficamente durante su paso fugaz por los aires. El grabado titulado Uma, el mito de la cabeza voladora resulta ejemplar de lo dicho, así como cada uno de los que componen la serie reciente, Huallallo, el dios devorador, personaje mencionado en el enrevesado texto quechua del siglo XVI conocido como el “Manuscrito de Huarochirí”, al cual Ramos, por su condición de quechua hablante se siente particularmente atraído. (Siempre me ha parecido que algo de esa “memoria” cultural asoma con particular “naturalidad” en el trabajo de Ramos, específicamente en la morfología de sus criaturas, la cual parece extraída de una recién descubierta tradición plástica rupestre).

Y la técnica con la que Alberto Ramos aborda esta misión de dar una versión visible de lo que no se ve es, en verdad, la idónea: aquel “chisporroteo” gráfico – no encuentro por ahora una palabra que lo describa mejor – que constituye también su marca inconfundible le otorga ese halo de acontecimiento mágico – o sobrenatural – a cada una de
sus escenas.

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